Thursday, June 29, 2006

Andando por Fé - Romanos 3,6-7

En el momento de la salvación recibimos a Jesucristo por fe. Creemos que Él existe y que perdona nuestros pecados si nos arrepentimos. Lamentablemente, muchos creyentes nuevos no están educados en lo que es vivir por fe. Estas personas tratan de obedecer un código legalista de obras, y pasan sus vidas angustiadas por no haber hecho lo suficiente para ganar la aprobación de Dios. Pero nunca fue la intención de que viviéramos la vida cristiana con nuestras propias fuerzas. El apóstol Pablo enseñaba siempre el tema de andar por fe. Para él, eso significaba disfrutar de una relación personal con Jesucristo, lo cual implica confiar en Él en todas las circunstancias de la vida. Nuestra vieja conducta y nuestras viejas actitudes han quedado atrás. Al avanzar en compañerismo íntimo con el Salvador, Él crea en nosotros nuevos patrones de conducta y de pensamiento. En nuestra relación con Cristo tenemos todo lo que necesitamos para tener una vida de santidad. Esto significa confiar cada día en el cuidado y la provisión del Señor, y obedecer Sus preceptos. A veces los mandamientos de Dios no tienen sentido para nosotros por nuestra visión limitada del mundo y el futuro. Pero si andamos por fe, no estamos confiando en lo que vemos o sentimos; estamos esperando con confianza que Dios haga lo mejor para nosotros cada día. Los creyentes faltos de preparación nunca experimentan lo que es la confianza en Dios, porque la confianza surge del conocimiento.

Monday, June 26, 2006

Un Dios en quien confiamos - Sal 37,1-9

Debemos cuidarnos de quienes confiamos en este mundo. Las personas hacen promesas que no cumplen, traicionan la confianza, y dicen cosas que no son ciertas. Pero hay alguien que cumple todas las promesas, que no traiciona la confianza, y que nunca miente: el Dios todopoderoso. Adoramos a un Padre celestial que es fiel. En toda la Biblia, Dios garantiza a Sus hijos que perdonará nuestros pecados (1 Juan 1,9), suplirá todas nuestras necesidades (Filipenses 4,19), nos protegerá (Salmo 91), responderá nuestras oraciones (Mateo 7,7) y estará con nosotros (Deuteronomio 31,6). Con tantas garantías divinas, a cada aspecto de nuestra vida se le puede aplicar una promesa. El invertir tiempo recordando Su fidelidad en el cumplimiento de Sus promesas, es un ejercicio que desarrolla nuestra confianza. Cuando miramos al pasado de nuestra vida, vemos también la fidelidad de Dios. Él no cambia en Su persona o propósito. Su fidelidad y Su confiabilidad son tan ciertas hoy como lo fueron en los tiempos de la Biblia, en la generación de nuestros padres, y en todo tiempo. ¡Qué gran confianza podemos tener en un Padre que no cambia en los tiempos de dificultad! Algunas de las mejores metáforas del cristianismo hablan de este aspecto de Su naturaleza: Dios la roca, y Dios el ancla. El carácter del Señor es perfectamente consistente con la confianza. Gracias a Su amor, Él cumple todas Sus promesas a cada generación de creyentes. Podemos confiar en que Dios hará todo lo que dice que hará, y mucho más. Él nunca nos fallará.

Thursday, June 22, 2006

Los obstáculos para la fe - Exodo 3,1-4

Dios nos capacita para llevar a cabo Su plan exclusivo para nuestra vida. Si no alcanzamos los propósitos que Él ha determinado para nosotros, no es porque el Padre no proporcionó el equipo necesario. Más bien, el fracaso es el resultado de un obstáculo dentro del corazón o una actitud que obstaculiza a nuestra fe. El flujo del poder divino es atajado, y no podemos convertirnos en las personas que Dios desea que seamos. Moisés es un ejemplo dramático del potencial disociador de los obstáculos para la fe. Cuando fue llamado a una de las misiones más grandes de toda la Biblia, el futuro líder respondió con excusas para explicar por qué no podía obedecer. Las excusas para la desobediencia no han cambiado desde la experiencia de Moisés. Él se ocultó detrás de los mismos obstáculos para la fe que los creyentes utilizan hoy: una mala autoimagen (3,11- 12), la ignorancia de Dios (3,13-21), dudas personales (4,1-9), sentimientos de incompetencia (4,10, 11), y el temor al fracaso (4,13-17). Pero, la respuesta de Dios a los obstáculos para la fe no ha cambiado desde los días del Antiguo Testamento. Cada vez que Moisés decía que Dios había elegido al hombre equivocado (un pastor madianita descendiente de esclavos que no sabía hablar, que había asesinado a un hombre y que se volvió un fugitivo), Dios respondía con una firme pero cordial refutación. El motivo de Sus respuestas es uno que necesitamos entender, como Moisés finalmente entendió: que cuando Dios nos llama a servir, Él hace el trabajo a través de nosotros. El Señor no busca la mejor persona; llama a hombres y a mujeres que estén dispuestos a rendirse a Él.

Wednesday, June 21, 2006

Una herencia espiritual - 1Timoteo 6,11-19

¿Qué quiere Dios que dejemos como un legado duradero a la generación venidera? La inversión en el reino. El gastar dinero en cosas materiales comunica a los demás lo importante que es para nosotros la comodidad y el beneficio personal. Pero el usar parte de ese dinero para ayudar a los esfuerzos misioneros, a nuestra iglesia local y a las personas necesitadas, es invertir en el reino de Dios. Nuestro ejemplo influenciará los hábitos de gastar de nuestros hijos y de nuestros nietos. El dinero, ya sea mucho o poco, puede ser utilizado para dejar una rica tradición a las generaciones futuras. La inversión en el reino garantiza que el mensaje del Evangelio seguirá dándose a conocer. El uso de nuestro tiempo. Dios ha determinado cuánto tiempo viviremos, nos ha bendecido con talentos, y nos ha dado oportunidades para que las usemos (Efesios 2,10). Él quiere que hagamos buenas obras que lo glorifiquen (Mateo 5,16). Cuando respondemos a la aspereza con paciencia, a la injusticia con perdón, y a la crítica con amabilidad, le damos alabanza a Dios. El Señor también nos ha dado dones espirituales para que edifiquemos a nuestra iglesia. Debemos hacer nuestras las prioridades del Señor. El testimonio de nuestra fe. Si nos emociona compartir nuestra fe, comunicamos la importancia de nuestra vida espiritual. Las generaciones futuras aprenderán que eso es una prioridad. El legado que dejemos será un reflejo de la vida que estamos viviendo. Cualesquiera que sea el número de años que le queden de vida, decida llenarlos de acciones generosas, de palabras amistosas, y de amorosa obediencia a Dios.

Monday, June 19, 2006

La influencia de la familia - 1Reyes 15,16

En estos capítulos de 1 Reyes vemos el resultado de una mala crianza de los hijos, ya que ellos imitaron las inicuas acciones de sus padres. Como seguidores de Jesús, tratamos de asegurarnos de que nuestros hijos no hereden nuestras actitudes pecaminosas, pero igualmente debemos dedicarnos a ser ejemplos de buen comportamiento. Las siguientes son cinco preguntas que los padres y los abuelos deben hacerse a sí mismos en cuanto a su influencia sobre la familia: Si nuestros hijos nos imitan... 1. ¿Qué lugar tendrán Jesús, la Biblia, la iglesia y la oración en sus vidas? 2. ¿Será la voluntad de Dios el factor determinante en las decisiones que hagan? 3. ¿Buscarán y desarrollarán relaciones sólidas y buenas? 4. ¿Se esforzarán en su carrera y manejarán su dinero con prudencia? 5. ¿Pasarán la eternidad en el cielo o separados de Dios? Cuando los hijos están creciendo, el ambiente que creen los padres influencia sus vidas de forma negativa o positiva. Todo lo que ven, escuchan y experimentan, hace una impresión tremenda en sus vidas. En sus años de adultos, lo que nuestros hijos piensen de sí mismos, de Dios y de otras personas, estará asociado con su niñez y con la influencia de su familia. Si somos padres, vamos a ser padres o somos abuelos, somos responsables de los hábitos de vida que nuestros hijos e hijas aprendan de nosotros. Lo desafío a orar en torno a estas preguntas y a hacer los cambios necesarios que le revele el Señor.

Saturday, June 17, 2006

Cómo dejar una herencia piadosa - Filpenses 3,16

Nuestra vida cristiana debe revelar la verdad de quién es Jesucristo. El hacerlo proporciona una herencia piadosa a las nuevas generaciones. Podemos transmitir: El amor a la Palabra de Dios. Queremos que los que nos conocen bien puedan decir: “Recuerdo lo importante que era la lectura de la Biblia para él (o ella). Sus acciones mostraban su confianza en la Biblia, y basaba todas sus decisiones en los principios bíblicos”. La dependencia de la oración. ¿Es nuestra vida oración evidente para la familia, los amigos y otras personas que están dentro de nuestra esfera de influencia? Queremos que ellos recuerden nuestra sincera confianza en Dios. Su recuerdo de vernos de rodillas mientras buscábamos la dirección del Señor en algún asunto, será un testimonio poderoso. Las respuestas que recibimos, y el testimonio de haberlas recibido, los animará a seguir nuestro ejemplo. La importancia de la adoración. Nuestros familiares y otras personas sí notan qué prioridad damos a la adoración a Cristo, y los sacrificios que realizamos para hacerlo. Además, nuestros hijos asimilarán profundamente las lecciones que les enseñamos por medio de nuestra conducta. La actitud hacia el dinero. Si diezmamos y ofrendamos a nuestra iglesia, aun en tiempos de dificultades económicas, enseñamos a los demás nuestro compromiso con Dios. Nuestras acciones comunicarán la importancia de dar a Dios primero. Dios desea que nuestras vidas traigan honra y gloria a Su nombre. Al hacerlo, estaremos formando una rica herencia espiritual que daremos a los demás.

Friday, June 16, 2006

El llamamiento misionero - Rom. 10,11-17

Dios hace tres llamamientos a toda persona. Ante todo, Él nos ofrece la salvación por medio de nuestra fe en Jesucristo y la confesión de pecado. Luego, nos llama a la santificación, que es el proceso de someter al Señorío de Cristo nuestra conducta, nuestra conversación y nuestro carácter. Por último, nos revela una posición de servicio para que la ocupemos. Muchas personas que reciben con gusto al Hijo y a la santificación, le tienen miedo al llamamiento del Padre celestial al servicio, particularmente si se trata del trabajo misionero. Nos complace servir como ujieres en la asamblea, o como entrenadores del equipo local de fútbol, pero casi nadie piensa que puede ser llamado a las misiones. ¿Cómo puede Dios utilizar a alguien que no ha estudiado en un Seminario, o que tiene poco conocimiento de la Biblia? Son miles, los que están haciendo hoy la obra del Señor, que una vez fueron miembros ordinarios de su iglesia. Ya sea que el campo misionero esté en otro continente, o al otro lado de la ciudad, Dios escoge a personas específicas para que hagan un trabajo específico. Aunque pudiéramos pensar que la edad, el estado civil o las limitaciones físicas nos descalificarían, Dios no elige a los misioneros de acuerdo con nuestro criterio. Más bien, Él equipa a quienes llama. Desde el inicio de nuestra vida, el Señor nos da la personalidad, el temperamento y las capacidades necesarias para llevar a cabo la misión que Él tiene para nosotros. Dios nos preparará e irá con nosotros, por lo que no hay ninguna razón para que nos neguemos a servir.

Monday, June 12, 2006

Una decisión del corazón - Juan 15, 1-17

La vida cristiana es, caminar obedientemente con Dios. La obediencia es tan importante para el Señor, que Jesús insistió en modelarla durante toda Su vida en la tierra. “No hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo conforme a lo que el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada” (Juan 8,28). El Señor no quiere salvarnos simplemente; desea vivir dentro de nosotros para mostrar al mundo quién es Él. Dios envió Su Espíritu para fortalecer e inspirar nuestras vidas, y también para investirnos de poder para las tareas que Él nos ha dado. Nosotros no podemos triunfar solos, pero el Espíritu Santo que vive en nosotros nos capacita para obedecer por medio del mismo poder que levantó a Jesús de los muertos (Romanos 8,11). ¿Se inclina a la gratificación propia del yo o a la obediencia a Dios? La Biblia nos muestra a muchos héroes de la fe que no fueron siempre totalmente obedientes, como Moisés, Sara, Pedro o David. Pero Dios sabía que David era un hombre conforme a Su corazón, y nosotros también oímos el clamor de su corazón en las palabras que escribió: “Como el ciervo clama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”(Salmo 42,1). ¿Hay en su corazón el anhelo de obedecer a Dios sobre todas las cosas, en todas las decisiones que hace? Si es así, puede tener la seguridad de que Él le mostrará el camino.

Saturday, June 10, 2006

El crecimiento espiritual - Santiago 1,17-27

Es el resultado de practicar los preceptos que usted recibe de Dios.

Si quiere experimentar un verdadero crecimiento en su vida espiritual, no es suficiente ser instruido en la Palabra. Es posible que asista a estudios bíblicos, o que escuche a infinidad de maestros y predicadores; luego, puede hablar de temas espirituales con profundidad y creer que ha crecido mucho. Sin embargo, a menos que viva su fe dándose en servicio a los demás, su “progreso” no será más que conocimiento intelectual. Memorizar la Biblia es excelente, pero Dios quiere utilizar todas esas verdades para impactar la vida de una persona. El crecimiento espiritual es el resultado de practicar los preceptos que usted recibe de Dios. Esto se logra compartiendo la verdad del Evangelio con otros, amándoles y sirviéndoles. Jesús no vino sólo como un gran maestro; vino como un siervo, incluso al escalón más bajo de la sociedad, como eran los leprosos, las prostitutas y los ladrones (Mateo 20,28). Cuando el Salvador anduvo por la tierra, hizo la voluntad del Padre celestial involucrándose con todo su ser en las vidas de las personas. Su propósito hoy es el mismo: alcanzar al mundo con Su amor, por medio de usted. Si no fuera así, se lo habría llevado al cielo en el mismo momento que fue salvo; ¡eso habría sido lo más fácil! Pero usted está aquí con un propósito: llegar con el amor de Cristo a un mundo que necesita desesperadamente saber que el Salvador les ama. Esto sucede de persona a persona, una a la vez, cuando se involucra amorosamente en la vida de las personas.

Wednesday, June 07, 2006

En Quién podemos confiar - Ef. 2,4-10

Basándonos en el carácter de Dios, ¿en qué cosas podemos confiar cada día? 1. En que Dios nos concederá Su bondad. El enviar a Cristo para morir en nuestro lugar, es prueba de Su amor por nosotros (1 Juan 4,10). Su naturaleza inmutable confirma que Él nos amará por toda la eternidad (Salmo 100,5). 2. En que Dios nos ayudará a hacer lo que Él pida de nosotros. Él da la sabiduría espiritual y la fortaleza interior para llevar a cabo las tareas. Recibiremos de Él todo lo que realmente necesitemos (Hebreos 13,21). 3. En que el Señor pondrá un límite a las pruebas que Él nos envíe. Al igual que un experto artesano, Él comprende qué fuerza aplicar para que seamos conformados a la imagen de Jesús (2 Corintios 4,8). 4. En que Dios nos fortalecerá y protegerá para que nos rindamos. Aunque somos débiles, Él también sabe lo fuertes que podemos ser cuando Su divino poder actúa en nosotros. Su Santo Espíritu nos da la fortaleza espiritual para decir no a la tentación (1 Corintios 10,13). 5. En que Dios perdonará nuestros pecados. Él está listo para recibir nuestra confesión, perdonarnos y restablecer nuestra comunión con Él (1 Juan 1,9). En cuanto al futuro: podemos confiar en que la vida no termina cuando nuestro cuerpo terrenal muera (2 Corintios 5,8); que viviremos en el cielo para siempre; y que Jesucristo regresará y pondrá todas las cosas en orden. La vida tiene pruebas, ciertamente (Juan 16,33). Pero cuando vengan las pruebas, piense en todas las razones por las que podemos depender de Dios.

Monday, June 05, 2006

Dónde se gana la batalla - Mateo 26,36-46

Si usted quiere tener la victoria en los conflictos y en las decisiones difíciles que tiene que enfrentar, piense en la manera como Jesús luchaba y ganaba Sus batallas. En el huerto de Getsemaní, antes de ir a la cruz, para Jesús, fue abrumador reconocer el peso del pecado que llevaría, y la total separación espiritual del Padre que habría de experimentar. En Su lugar especial de oración (Lucas 22,39), estuvo a solas y angustiado clamando delante del Padre. Cuando Jesús salió de ese huerto, lo hizo en victoria. Todavía habría de beber el cáliz del sufrimiento y de la separación, pero sabía que, al final, triunfaría sobre ellos (Hebreos 12,2). El ejemplo de Jesús revela que el secreto para ganar las batallas de la vida, está en clamar a nuestro Padre Celestial, pasando tiempo en oración a solas con Él y decidir deliberadamente rendirnos totalmente a Su voluntad. El consejo piadoso es importante, pero usted no puede depender exclusivamente de los demás para que le digan qué tiene que hacer. Si usted no pasa tiempo a solas con el Señor hasta saber lo que Él le está diciendo, jamás podrá estar seguro de que está haciendo lo correcto. Al convertir en un hábito el pasar tiempo a solas con Dios en oración, usted podrá discernir Su voluntad perfecta cuando tenga que tomar algunas decisiones importantes de consecuencias significativas. Cuando usted se rinde totalmente al Señor, pone las consecuencias de sus decisiones en las manos de un Dios omnisciente, amantísimo y todopoderoso, que tiene el control absoluto y soberano del pasado, el presente y el futuro.

Saturday, June 03, 2006

Orando en el nombre de Jesús , Juan 14, 7-27

El desarrollar una vida vibrante de oración transformará la manera como usted vive, como piensa y como ve las cosas. Por medio de la oración, el Señor puede cambiar su debilidad en Su fortaleza, su ignorancia en Su sabiduría, y su vacío en Su llenura. Jesús hizo la grandiosa promesa de que cualquier cosa que usted pida en Su nombre, Él se compromete a cumplirla. Pero, ¿qué significa esto en realidad? Orar en Su nombre significa reconocer que Jesús ha preparado el camino para que usted tenga acceso al Padre celestial. Cualquiera que crea en la muerte de Cristo como el pago total por sus pecados, y que lo haya recibido como Salvador personal, puede acercarse al trono del Dios Todopoderoso (Hebreos 4,16). Orar en Su nombre indica ejercer la autoridad que Él ha dado a cada hijo de Dios que ha nacido de nuevo. Jesús, el heredero de todas las cosas, nos ha hechos “coherederos con Él”(Romanos 8,14-17). El entender cuál es su posición en Cristo, debe darle confianza cuando le pida con humildad y espere con expectación las maravillosas respuestas de Dios. Estamos en una misión que exige que seamos personas de oración, conectadas siempre con el poder del Espíritu Santo, clamando siempre al Padre, y dependiendo de Él siempre como nuestra fuente única. Orar en el nombre de Jesús significa concordar con Su voluntad. Usted le está pidiendo al Padre que le conceda su necesidad o su deseo, como quisiera Jesús, de estar Él en su posición. Si usted ora con esta actitud, Dios le revelará Su voluntad porque usted sólo quiere lo que Él desea.

Friday, June 02, 2006

Listos para la batalla - Ef. 1, 13,14

Como soldados del ejército de Cristo, tenemos que ponernos nuestro uniforme cada día: el yelmo, la coraza, el cinto y el calzado. Luego debemos tomar nuestras armas y ponernos en la posición adecuada para obedecer las órdenes de nuestro comandante. He aquí algunas ideas para que haga sus preparativos espirituales. Ore diciendo así... “Señor, gracias por el escudo de la fe, que me cubre y protege de los dardos de fuego del Enemigo. Ayúdame a utilizarlo siempre y a mantenerlo en buenas condiciones (Romanos 10:17). Padre celestial, tomo la espada del Espíritu, que es Tu Palabra. Sé que ella es más poderosa que cualquier espada material (Hebreos 4:12). Enséñame cómo manejar efectivamente esta arma. Quiero usarla agresivamente para compartir el mensaje de salvación, y defensivamente para protegerme a mí y a los demás. Gracias porque la verdad de Tus promesas derrotará a los ataques de mis enemigos, como sucedió con Jesús (Mateo 4:1-11). “Dios mío, quiero estar en Tu ejército. La Biblia me dice que mi posición natural está “en Cristo” (Efesios 6:10). Para hacerlo, renuncio a hacer mi voluntad y reconozco mi total dependencia de Jesús. Elijo recurrir al divino poder del Espíritu, en vez de confiar en mis propias fuerzas para luchar. Pongo deliberadamente de lado mis planes, y me someto a Tus órdenes”. Cada día, nuestro enemigo Satanás y sus huestes tratarán de aprovecharse de nuestras debilidades. El diablo utilizará las mentiras y las tentaciones para derrotarnos. Pero no tendrá éxito si estamos “listos para la batalla”(Santiago 4:7).