Andando por Fé - Romanos 3,6-7
Es el resultado de practicar los preceptos que usted recibe de Dios.
Si quiere experimentar un verdadero crecimiento en su vida espiritual, no es suficiente ser instruido en la Palabra. Es posible que asista a estudios bíblicos, o que escuche a infinidad de maestros y predicadores; luego, puede hablar de temas espirituales con profundidad y creer que ha crecido mucho. Sin embargo, a menos que viva su fe dándose en servicio a los demás, su “progreso” no será más que conocimiento intelectual. Memorizar la Biblia es excelente, pero Dios quiere utilizar todas esas verdades para impactar la vida de una persona. El crecimiento espiritual es el resultado de practicar los preceptos que usted recibe de Dios. Esto se logra compartiendo la verdad del Evangelio con otros, amándoles y sirviéndoles. Jesús no vino sólo como un gran maestro; vino como un siervo, incluso al escalón más bajo de la sociedad, como eran los leprosos, las prostitutas y los ladrones (Mateo 20,28). Cuando el Salvador anduvo por la tierra, hizo la voluntad del Padre celestial involucrándose con todo su ser en las vidas de las personas. Su propósito hoy es el mismo: alcanzar al mundo con Su amor, por medio de usted. Si no fuera así, se lo habría llevado al cielo en el mismo momento que fue salvo; ¡eso habría sido lo más fácil! Pero usted está aquí con un propósito: llegar con el amor de Cristo a un mundo que necesita desesperadamente saber que el Salvador les ama. Esto sucede de persona a persona, una a la vez, cuando se involucra amorosamente en la vida de las personas.
El desarrollar una vida vibrante de oración transformará la manera como usted vive, como piensa y como ve las cosas. Por medio de la oración, el Señor puede cambiar su debilidad en Su fortaleza, su ignorancia en Su sabiduría, y su vacío en Su llenura. Jesús hizo la grandiosa promesa de que cualquier cosa que usted pida en Su nombre, Él se compromete a cumplirla. Pero, ¿qué significa esto en realidad? Orar en Su nombre significa reconocer que Jesús ha preparado el camino para que usted tenga acceso al Padre celestial. Cualquiera que crea en la muerte de Cristo como el pago total por sus pecados, y que lo haya recibido como Salvador personal, puede acercarse al trono del Dios Todopoderoso (Hebreos 4,16). Orar en Su nombre indica ejercer la autoridad que Él ha dado a cada hijo de Dios que ha nacido de nuevo. Jesús, el heredero de todas las cosas, nos ha hechos “coherederos con Él”(Romanos 8,14-17). El entender cuál es su posición en Cristo, debe darle confianza cuando le pida con humildad y espere con expectación las maravillosas respuestas de Dios. Estamos en una misión que exige que seamos personas de oración, conectadas siempre con el poder del Espíritu Santo, clamando siempre al Padre, y dependiendo de Él siempre como nuestra fuente única. Orar en el nombre de Jesús significa concordar con Su voluntad. Usted le está pidiendo al Padre que le conceda su necesidad o su deseo, como quisiera Jesús, de estar Él en su posición. Si usted ora con esta actitud, Dios le revelará Su voluntad porque usted sólo quiere lo que Él desea.
Como soldados del ejército de Cristo, tenemos que ponernos nuestro uniforme cada día: el yelmo, la coraza, el cinto y el calzado. Luego debemos tomar nuestras armas y ponernos en la posición adecuada para obedecer las órdenes de nuestro comandante. He aquí algunas ideas para que haga sus preparativos espirituales. Ore diciendo así... “Señor, gracias por el escudo de la fe, que me cubre y protege de los dardos de fuego del Enemigo. Ayúdame a utilizarlo siempre y a mantenerlo en buenas condiciones (Romanos 10:17). Padre celestial, tomo la espada del Espíritu, que es Tu Palabra. Sé que ella es más poderosa que cualquier espada material (Hebreos 4:12). Enséñame cómo manejar efectivamente esta arma. Quiero usarla agresivamente para compartir el mensaje de salvación, y defensivamente para protegerme a mí y a los demás. Gracias porque la verdad de Tus promesas derrotará a los ataques de mis enemigos, como sucedió con Jesús (Mateo 4:1-11). “Dios mío, quiero estar en Tu ejército. La Biblia me dice que mi posición natural está “en Cristo” (Efesios 6:10). Para hacerlo, renuncio a hacer mi voluntad y reconozco mi total dependencia de Jesús. Elijo recurrir al divino poder del Espíritu, en vez de confiar en mis propias fuerzas para luchar. Pongo deliberadamente de lado mis planes, y me someto a Tus órdenes”. Cada día, nuestro enemigo Satanás y sus huestes tratarán de aprovecharse de nuestras debilidades. El diablo utilizará las mentiras y las tentaciones para derrotarnos. Pero no tendrá éxito si estamos “listos para la batalla”(Santiago 4:7).