Thursday, July 27, 2006

El Propósito del Ayuno - Mat. 6, 16-18

El Señor utiliza al ayuno para hacer una “limpieza de la casa”, y eso es bueno.
El propósito del ayuno es prepararnos espiritualmente para la actividad de Dios en nuestras vidas. Cuando eliminamos las distracciones, vemos las cosas desde Su perspectiva. Con la ayuda del Espíritu Santo, podremos identificar las áreas nuestras que requieren un cambio: la manera de pensar pecaminosa, los hábitos que tienen que desaparecer y las prioridades equivocadas. Cuando el filtro de nuestra mente está obstruido por una manera de pensar pecaminosa, no podemos asimilar las profundas verdades de la Biblia. Entre los beneficios de ayunar están una mente clara y mayor comprensión de las Escrituras. Una ventaja más es un discernimiento espiritual más amplio de nosotros mismos y de los demás. Continuando con nuestro “baño” espiritual, el poder de Dios se derramará en nuestras vidas, y seremos libres de la carnalidad que nos ha limitado. Otro resultado más será una mayor intimidad con el Señor. Y una vez libres de confusión nuestras mentes, y cuando hayan sido ordenadas nuestras prioridades, estaremos en condiciones para que Dios derrame Su plenitud en nosotros. Asimismo, tendremos mayor confianza y valentía para hacer la voluntad del Padre celestial. La Biblia nos advierte que no debemos convertir al ayuno en un espectáculo público ni en un ritualismo religioso como solían hacer los fariseos. Es una experiencia privada que fortalece nuestra relación con Dios.

Friday, July 21, 2006

Cómo obtener sabiduría espiritual - Prov. 4,1-5

La sabiduría espiritual se obtiene rindiéndose al control del Espíritu Santo y practicando disciplinas de una manera fiel. Esto implica orar con regularidad y mantener la dedicación, la obediencia y la devoción a Dios. Otros factores son: La observación. Ver como actúa Dios enseña importantes verdades. Como una evidencia de que angustiarse es absurdo, la Biblia señala a la naturaleza. El amoroso cuidado de Dios por las flores silvestres y las aves nos ayuda a confiar en Su provisión para Sus hijos (Mt. 6,25-28). El discernimiento. Observando la vidas de las personas, tanto de las piadosas como de las impías, podemos adquirir sabiduría. Al escuchar sus palabras y observar los resultados de sus decisiones, sabremos cuáles son las bendiciones de la obediencia y las consecuencias del pecado. El consejo recto (Pr. 12,15). El Señor utiliza a veces a otras personas para dar dirección a nuestras vidas. Ya sea para animarnos o corregirnos, podemos confiar en sus palabras cuando su consejo armoniza con lo que dice la Biblia y está confirmado por la guía del Espíritu Santo. Las buenas compañías (Pr. 13,20). Podemos beneficiarnos mucho invirtiendo tiempo con personas que conozcan al Señor y que respondan siempre de una manera espiritual. Antes de desarrollar relaciones estrechas, debemos observar otras vidas, y al ver a personas que reflejen sabiduría en sus pensamientos y acciones, debemos imitar su prudente comportamiento. Dios quiere que demos atención a los que vemos y oímos, y que no nos apresuremos en la elección de nuestros amigos.

Monday, July 17, 2006

Cómo ablandar el corazón - Salmo 25

Si usted está siempre humildemente delante de Dios, buscándolo en Su Palabra, Su presencia saturará su corazón y lo hará sensible y dócil. Así como una relación matrimonial puede comenzar a enfriarse si no se dan los pasos para mantenerla cálida, su corazón puede endurecerse poco a poco si no busca la intimidad con Dios. Usted debe responder rápida y obedientemente a lo que Él le indique que haga, para que su corazón siga siendo blando y receptivo. El Señor le mostrará su pecado y usted querrá ocuparse del problema de inmediato. Es por esto que debemos andar en el Espíritu momento a momento. Si usted cree que Dios puede estar dirigiéndole en cierta dirección, tome el tiempo necesario para buscar devotamente Su voluntad en el asunto, y para abrir su corazón para escucharlo. Tenga cuidado de no ocuparse en otra cosa distinta a lo que Dios le llamó a hacer originalmente. Sería una tragedia trabajar haciendo lo que usted y otros consideran bueno, sólo para descubrir que sus esfuerzos se gastaron en lograr algo que no era la intención de Dios. Resistir la voluntad del Señor equivale a no hacer nada con la vida, lo que le deja a usted con la sensación de que algo está faltando. Nada puede tomar el lugar de la voluntad de Dios, aun cuando Su plan parezca difícil o imposible. Pero si usted confía en Él con un corazón dispuesto, no hay límite para lo que Dios puede hacer por medio de su vida. Dé un paso de obediencia, y diga: “Señor, quiero hacer Tu voluntad, pase lo que pase”.

Tuesday, July 11, 2006

Un corazón endurecido - Hebreos 3,7-19

Un corazón que se hace insensible a la voz de Dios puede volverse cada vez más duro y más resistente, hasta que ya no pueda oírla más. El decir siempre “no” a Dios, poco a poco endurece al corazón. Cuando el Señor trata con ciertos asuntos de nuestra vida, deseamos preocuparnos por otras cosas, como un escape. Es posible que nos asusten los cambios que Él nos está desafiando a hacer, pensando postergarlos hasta que estemos preparados para enfrentarlos. Por eso, cuando el Espíritu Santo nos habla, justificamos nuestra desobediencia, o pensamos en otras cosas y actividades, alejando cada vez más a Dios del ámbito de nuestras vidas. Al centrar nuestra atención en esas distracciones, perdemos de vista nuestro “primer amor” (Ap. 2,4), hasta que nuestro corazón se endurece y nos volvemos insensibles al pecado en nuestras vidas. Así es como Satanás nos atrae a un estilo de vida pecaminoso; nos deja habituarnos poco a poco a la maldad. Podemos pensar que no estamos pecando de manera notoria, pero decirle “no” a Dios es rebelión, la esencia misma del pecado. Y la rebelión comienza con negar el control a Dios y a confiar en Él, surge de la incredulidad; esto comienza a cuajarse cuando decidimos que tenemos un plan mejor que el Señor. Pero así como la serpiente tentó a Adán y Eva, el pecado hace promesas que no puede cumplir. Luego, al complacer nuestros gustos, nos encontramos redefiniendo lo que Dios ha dicho. Es por esto que debemos examinar nuestros corazones

Thursday, July 06, 2006

La senda de la paz - Filipenses 4,6

Todos nosotros tenemos responsabilidades, ya sea en el trabajo, la comunidad, la familia o la iglesia, y sentimos cierta preocupación por la manera como llevamos a cabo estas obligaciones. Cuando a nuestra preocupación natural le falta equilibrio, el resultado es la ansiedad. Aunque Pablo enfrentó un número excesivo de problemas (2 Co.11,23-28), pudo decir: “Por nada estéis afanosos”. Él sabía que la ansiedad revela una falta de fe, ya que no es posible estar angustiados y confiando plenamente en Dios al mismo tiempo. La preocupación consume las energías y divide la mente. Además de eso, la inquietud evita el servicio efectivo al Señor porque mantiene centrada la atención en uno mismo, no en Dios. Para mantener equilibradas las preocupaciones, debemos presentar nuestras peticiones a Dios, quien está listo y dispuesto, y es totalmente suficiente para manejar cualquier problema que traigamos a Él (Fil. 4,6). Hacemos esto por medio de: •La oración. La palabra griega implica adoración y gratitud por los atributos de Dios, no unos pensamientos de miedo a Él. •Súplicas. Nuestro humilde clamor transmite nuestra total impotencia y dependencia de un Dios todopoderoso. •Acción de gracias. Debemos acercarnos a Dios sin quejas ni sentimientos de culpa, sino con gratitud porque Él usará finalmente esa dificultad para nuestro bien, como lo ha prometido (Ro. 8,28). Filipenses 4,7 dice que si traemos a Dios nuestras súplicas, el resultado será Su maravillosa e inexplicable paz. Debemos venir a Él primero, no como el último recurso.

Monday, July 03, 2006

Confianza en el amor de Dios - Hebreos 6,8-13

Satanás ataca a menudo nuestra fe haciéndonos dudar del cuidado del Padre celestial. Pero tenemos tres pruebas para confiar cuando nuestra seguridad se debilite. El amor de Su naturaleza. La naturaleza de Dios es el amor (1 Juan 4,8). La Biblia dice que Dios es luz, y que no hay tinieblas en Él (1 Juan 1,5). No hay nada pecaminoso o imperfecto en Su carácter. Si el Padre celestial es perfecto y amoroso, Él nunca tratará mal a ninguno de Sus hijos. El amor del Calvario. La muerte expiatoria de Jesús en la cruz por nuestros pecados es prueba irrefutable del amor de Dios. El amor del Padre por Sus hijos humanos se reveló cuando dio a Su hijo para morir en lugar nuestro. La salvación de Jesús está al alcance de todos, pero Él habría hecho la misma decisión de haber habido sólo uno de nosotros. El amor del Compromiso. El deseo de Dios es convertirnos en herederos (Hebreos 8,10). Sabemos que cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador nos convertimos en hijos de Dios. Nuestra inmadurez es la razón por la que Él es paciente y misericordioso con nosotros. Dios nos ve como en verdad somos: unos niños que estamos aprendiendo en nuestros pocos años en la tierra. Como creyentes, podemos confiar en Dios y en Su amor.. La esencia de Dios es el amor, el cual Él demostró en la cruz y sigue demostrando por medio de Su adopción de nosotros como Sus hijos e hijas.