Un corazón endurecido - Hebreos 3,7-19
Un corazón que se hace insensible a la voz de Dios puede volverse cada vez más duro y más resistente, hasta que ya no pueda oírla más. El decir siempre “no” a Dios, poco a poco endurece al corazón. Cuando el Señor trata con ciertos asuntos de nuestra vida, deseamos preocuparnos por otras cosas, como un escape. Es posible que nos asusten los cambios que Él nos está desafiando a hacer, pensando postergarlos hasta que estemos preparados para enfrentarlos. Por eso, cuando el Espíritu Santo nos habla, justificamos nuestra desobediencia, o pensamos en otras cosas y actividades, alejando cada vez más a Dios del ámbito de nuestras vidas. Al centrar nuestra atención en esas distracciones, perdemos de vista nuestro “primer amor” (Ap. 2,4), hasta que nuestro corazón se endurece y nos volvemos insensibles al pecado en nuestras vidas. Así es como Satanás nos atrae a un estilo de vida pecaminoso; nos deja habituarnos poco a poco a la maldad. Podemos pensar que no estamos pecando de manera notoria, pero decirle “no” a Dios es rebelión, la esencia misma del pecado. Y la rebelión comienza con negar el control a Dios y a confiar en Él, surge de la incredulidad; esto comienza a cuajarse cuando decidimos que tenemos un plan mejor que el Señor. Pero así como la serpiente tentó a Adán y Eva, el pecado hace promesas que no puede cumplir. Luego, al complacer nuestros gustos, nos encontramos redefiniendo lo que Dios ha dicho. Es por esto que debemos examinar nuestros corazones

0 Comments:
Post a Comment
<< Home