Thursday, July 06, 2006

La senda de la paz - Filipenses 4,6

Todos nosotros tenemos responsabilidades, ya sea en el trabajo, la comunidad, la familia o la iglesia, y sentimos cierta preocupación por la manera como llevamos a cabo estas obligaciones. Cuando a nuestra preocupación natural le falta equilibrio, el resultado es la ansiedad. Aunque Pablo enfrentó un número excesivo de problemas (2 Co.11,23-28), pudo decir: “Por nada estéis afanosos”. Él sabía que la ansiedad revela una falta de fe, ya que no es posible estar angustiados y confiando plenamente en Dios al mismo tiempo. La preocupación consume las energías y divide la mente. Además de eso, la inquietud evita el servicio efectivo al Señor porque mantiene centrada la atención en uno mismo, no en Dios. Para mantener equilibradas las preocupaciones, debemos presentar nuestras peticiones a Dios, quien está listo y dispuesto, y es totalmente suficiente para manejar cualquier problema que traigamos a Él (Fil. 4,6). Hacemos esto por medio de: •La oración. La palabra griega implica adoración y gratitud por los atributos de Dios, no unos pensamientos de miedo a Él. •Súplicas. Nuestro humilde clamor transmite nuestra total impotencia y dependencia de un Dios todopoderoso. •Acción de gracias. Debemos acercarnos a Dios sin quejas ni sentimientos de culpa, sino con gratitud porque Él usará finalmente esa dificultad para nuestro bien, como lo ha prometido (Ro. 8,28). Filipenses 4,7 dice que si traemos a Dios nuestras súplicas, el resultado será Su maravillosa e inexplicable paz. Debemos venir a Él primero, no como el último recurso.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home