Thursday, June 22, 2006

Los obstáculos para la fe - Exodo 3,1-4

Dios nos capacita para llevar a cabo Su plan exclusivo para nuestra vida. Si no alcanzamos los propósitos que Él ha determinado para nosotros, no es porque el Padre no proporcionó el equipo necesario. Más bien, el fracaso es el resultado de un obstáculo dentro del corazón o una actitud que obstaculiza a nuestra fe. El flujo del poder divino es atajado, y no podemos convertirnos en las personas que Dios desea que seamos. Moisés es un ejemplo dramático del potencial disociador de los obstáculos para la fe. Cuando fue llamado a una de las misiones más grandes de toda la Biblia, el futuro líder respondió con excusas para explicar por qué no podía obedecer. Las excusas para la desobediencia no han cambiado desde la experiencia de Moisés. Él se ocultó detrás de los mismos obstáculos para la fe que los creyentes utilizan hoy: una mala autoimagen (3,11- 12), la ignorancia de Dios (3,13-21), dudas personales (4,1-9), sentimientos de incompetencia (4,10, 11), y el temor al fracaso (4,13-17). Pero, la respuesta de Dios a los obstáculos para la fe no ha cambiado desde los días del Antiguo Testamento. Cada vez que Moisés decía que Dios había elegido al hombre equivocado (un pastor madianita descendiente de esclavos que no sabía hablar, que había asesinado a un hombre y que se volvió un fugitivo), Dios respondía con una firme pero cordial refutación. El motivo de Sus respuestas es uno que necesitamos entender, como Moisés finalmente entendió: que cuando Dios nos llama a servir, Él hace el trabajo a través de nosotros. El Señor no busca la mejor persona; llama a hombres y a mujeres que estén dispuestos a rendirse a Él.

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