Friday, June 16, 2006

El llamamiento misionero - Rom. 10,11-17

Dios hace tres llamamientos a toda persona. Ante todo, Él nos ofrece la salvación por medio de nuestra fe en Jesucristo y la confesión de pecado. Luego, nos llama a la santificación, que es el proceso de someter al Señorío de Cristo nuestra conducta, nuestra conversación y nuestro carácter. Por último, nos revela una posición de servicio para que la ocupemos. Muchas personas que reciben con gusto al Hijo y a la santificación, le tienen miedo al llamamiento del Padre celestial al servicio, particularmente si se trata del trabajo misionero. Nos complace servir como ujieres en la asamblea, o como entrenadores del equipo local de fútbol, pero casi nadie piensa que puede ser llamado a las misiones. ¿Cómo puede Dios utilizar a alguien que no ha estudiado en un Seminario, o que tiene poco conocimiento de la Biblia? Son miles, los que están haciendo hoy la obra del Señor, que una vez fueron miembros ordinarios de su iglesia. Ya sea que el campo misionero esté en otro continente, o al otro lado de la ciudad, Dios escoge a personas específicas para que hagan un trabajo específico. Aunque pudiéramos pensar que la edad, el estado civil o las limitaciones físicas nos descalificarían, Dios no elige a los misioneros de acuerdo con nuestro criterio. Más bien, Él equipa a quienes llama. Desde el inicio de nuestra vida, el Señor nos da la personalidad, el temperamento y las capacidades necesarias para llevar a cabo la misión que Él tiene para nosotros. Dios nos preparará e irá con nosotros, por lo que no hay ninguna razón para que nos neguemos a servir.

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