Saturday, May 27, 2006

Un privilegio maravilloso - Heb 7,21-28

Orar y esperar respuestas es un privilegio maravilloso, considerando la santidad de Dios. Por nuestro deseo de ser bendecidos, rara vez pensamos en lo santo que Él es; pero para Dios es importante que entendamos este aspecto de Su naturaleza. Su carácter es perfecto y el pecado es incompatible con Su presencia. Los seres humanos son inherentemente pecaminosos; por eso, para tener comunión con Dios, Él tuvo que hacer un plan, a fin de que la humanidad expiara sus pecados. La santidad de Dios exige una ofrenda de sangre para quitar el pecado (Levítico 17:11). La Ley que Él dio a Moisés contenía una provisión para la purificación del pueblo imperfecto: los sacerdotes debían ofrecer un sacrificio animal para cubrir los pecados de los israelitas (Levítico 4, 5). Más tarde, el Nuevo Testamento trajo una nueva provisión: en la cruz, Dios aceptó un derramamiento de sangre final como el pago único por todo el pecado: pasado, presente y futuro. El sacrificio vicario y todosuficiente de Cristo canceló la totalidad de nuestra deuda de pecado, para que pudiéramos entrar a la santa presencia de Dios. Los cristianos subestiman a veces lo que significa poder hablar con el Señor. La oración es nuestro derecho como hijos “nacidos de nuevo” en la familia de Dios (Juan 3:3). Los incrédulos pueden orar hacia el cielo, pero la Biblia no ofrece esperanza de que Dios escuchará o responderá a menos que ellos, reciban el sacrificio de Cristo a su favor. Como creyentes, somos acogidos cuando oramos al Padre, porque el Hijo es nuestro sumo sacerdote permanente que nos cubre eternamente con Su velo de rectitud.

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