Una herencia espiritual - 1Timoteo 6,11-19
¿Qué quiere Dios que dejemos como un legado duradero a la generación venidera? La inversión en el reino. El gastar dinero en cosas materiales comunica a los demás lo importante que es para nosotros la comodidad y el beneficio personal. Pero el usar parte de ese dinero para ayudar a los esfuerzos misioneros, a nuestra iglesia local y a las personas necesitadas, es invertir en el reino de Dios. Nuestro ejemplo influenciará los hábitos de gastar de nuestros hijos y de nuestros nietos. El dinero, ya sea mucho o poco, puede ser utilizado para dejar una rica tradición a las generaciones futuras. La inversión en el reino garantiza que el mensaje del Evangelio seguirá dándose a conocer. El uso de nuestro tiempo. Dios ha determinado cuánto tiempo viviremos, nos ha bendecido con talentos, y nos ha dado oportunidades para que las usemos (Efesios 2,10). Él quiere que hagamos buenas obras que lo glorifiquen (Mateo 5,16). Cuando respondemos a la aspereza con paciencia, a la injusticia con perdón, y a la crítica con amabilidad, le damos alabanza a Dios. El Señor también nos ha dado dones espirituales para que edifiquemos a nuestra iglesia. Debemos hacer nuestras las prioridades del Señor. El testimonio de nuestra fe. Si nos emociona compartir nuestra fe, comunicamos la importancia de nuestra vida espiritual. Las generaciones futuras aprenderán que eso es una prioridad. El legado que dejemos será un reflejo de la vida que estamos viviendo. Cualesquiera que sea el número de años que le queden de vida, decida llenarlos de acciones generosas, de palabras amistosas, y de amorosa obediencia a Dios.

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