Monday, June 26, 2006

Un Dios en quien confiamos - Sal 37,1-9

Debemos cuidarnos de quienes confiamos en este mundo. Las personas hacen promesas que no cumplen, traicionan la confianza, y dicen cosas que no son ciertas. Pero hay alguien que cumple todas las promesas, que no traiciona la confianza, y que nunca miente: el Dios todopoderoso. Adoramos a un Padre celestial que es fiel. En toda la Biblia, Dios garantiza a Sus hijos que perdonará nuestros pecados (1 Juan 1,9), suplirá todas nuestras necesidades (Filipenses 4,19), nos protegerá (Salmo 91), responderá nuestras oraciones (Mateo 7,7) y estará con nosotros (Deuteronomio 31,6). Con tantas garantías divinas, a cada aspecto de nuestra vida se le puede aplicar una promesa. El invertir tiempo recordando Su fidelidad en el cumplimiento de Sus promesas, es un ejercicio que desarrolla nuestra confianza. Cuando miramos al pasado de nuestra vida, vemos también la fidelidad de Dios. Él no cambia en Su persona o propósito. Su fidelidad y Su confiabilidad son tan ciertas hoy como lo fueron en los tiempos de la Biblia, en la generación de nuestros padres, y en todo tiempo. ¡Qué gran confianza podemos tener en un Padre que no cambia en los tiempos de dificultad! Algunas de las mejores metáforas del cristianismo hablan de este aspecto de Su naturaleza: Dios la roca, y Dios el ancla. El carácter del Señor es perfectamente consistente con la confianza. Gracias a Su amor, Él cumple todas Sus promesas a cada generación de creyentes. Podemos confiar en que Dios hará todo lo que dice que hará, y mucho más. Él nunca nos fallará.

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