El Dios que habla - Hebreos 1,1-4
Los ídolos no pueden hablar (Salmo 115,4-7), pero nosotros seguimos a un Dios que sí puede hacerlo. El Señor se comunicó con los santos del Antiguo y el Nuevo Testamento, de diversas maneras. Habló con voz audible para dar testimonio de Su Hijo (Mateo 3,17), dio instrucciones a Pablo en el camino de Damasco (Hechos 9:6), utilizó sueños para revelar sucesos futuros (Génesis 37,5-11), y una visión para comunicarse con Pedro (Hechos 10,9-16). Envió a ángeles para proclamar Su voluntad (Lucas 1,26-37), y dispuso los acontecimientos para comunicar Su mensaje (2 Reyes 5,6-15). El Señor sigue hablando hoy. La Palabra de Dios escrita es nuestra fuente principal para conocer Su voluntad. Por el ministerio de la presencia interior del Espíritu Santo, recibimos el conocimiento de las verdades bíblicas y su aplicación a la vida diaria. Otras veces, el Espíritu de Dios se comunica directamente con nosotros, impactando nuestro espíritu con Su mensaje. Cuando esto suceda, debemos verificar cuidadosamente que lo que oímos es correcto. Si no se ajusta a la Biblia, no fue Dios quien lo dijo. El Señor también utiliza las circunstancias para confirmar lo que nos dice en Su Palabra. También las visiones exigen mucha cautela. Dios elige comunicarse de esta manera raras veces, prefiriendo por lo general hablar por otros medios. Los vellones, como el que utilizó Gedeón (Jueces 6,36-40), pueden ser sujetos a la manipulación humana y, por tanto, no son confiables. No son la mejor manera para conocer la voluntad del Señor.
