Libertad Espiritual - Gálatas 6,14-16
Las personas crean prisiones para sí mismas con sus propios pecados. Pero, para los creyentes, la libertad fue comprada en la cruz. Cuando los cristianos piensan en la cruz, algunos limitan los efectos de la salvación a la libertad del poder del pecado que ocurrió una sola vez. Por eso, las personas oran repetidamente para recibir a Jesús, esperando que serán suficientemente buenas para evitar pecar. Pero la salvación no es una tarjeta gratuita para librarse del infierno, hasta que cometemos otra falta; más bien, el perdón de Cristo cubre todos los pecados pasados, presentes y futuros. Además, recibimos una medida completa de Su Espíritu para que more en nosotros. Pablo explica la idea así: El mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo? . Las tentaciones diarias de pecar que una vez parecían tan atractivas, tienen ahora poco interés para el creyente lleno del Espíritu. Somos liberados para procurar el propósito de Dios y el gozo que se tiene al servirlo. La libertad espiritual es una decisión. Nuestros pecados son borrados en la salvación, no así la tentación. Antes bien, el creyente debe decidir siempre ser crucificado al pecado, o como dice Jesús, a tomar su cruz y seguirle (Lucas 9,23). La cruz no es una carga, sino el símbolo de que somos libres y seguidores de Cristo perdonados. La libertad que da la salvación no es un secreto para guardarlo. El Señor dio a Sus seguidores la Gran Comisión de alcanzar a otros, porque Su mensaje es el único mensaje que puede transformar a un esclavo del pecado en un alma libre y salva. La cruz es la única esperanza de libertad espiritual.

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