Tuesday, August 01, 2006

Una Vida Valerosa - Efesios 1,18-21

Cuando estamos conscientes de la presencia de Dios con nosotros, se desarrolla la valentía en nosotros. Ésta crece cuando buscamos ayuda en Su poder. Sin el poder que Dios da, los problemas y el estrés nos agotarán emocionalmente y nos dañarán físicamente. Ese agotamiento nos deja espiritualmente vulnerables a los ataques de Satanás. Después de vagar durante 40 años, la nación de Israel estaba en ese estado. Debían haberles creído a los dos espías que confiaban en que la presencia y en el poder del Señor les ayudaría. Pero dejaron que su debilidad los hiciera vacilar, y se pusieron de parte de los diez espías que decían que los obstáculos en Canaán eran demasiado grandes (Nm. 13,26-32). En cambio, Pablo se enfrentó al tribunal romano después de sufrir grandes penalidades, pero no desmayó porque Dios estaba con él y lo fortalecía. En realidad, Pablo descubrió que el poder de Dios en su vida llegaba al punto más alto cuando él se hallaba en el punto más bajo (2 Co. 12,9, 10). Los momentos de desaliento y debilidad son oportunidades para recibir una abundancia de poder divino (Fil. 4,13). Someterse a los propósitos de Dios es el elemento final para desarrollar valentía. Pablo tenía un plan para cada circunstancia de su vida, aun las más difíciles, porque estaba consagrado firmemente a la tarea que Dios le había dado.

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