Cómo sacrificar el yo - Jeremias 29,11-13
Una casa sin muebles da una sensación de vacío. Se nota cada mancha en las alfombras y en las paredes, y las habitaciones se sienten frías. Podemos sentirnos como esa casa vacía cuando nos negamos a aceptar la voluntad a Dios. El Espíritu Santo vive dentro de nosotros, pero no tenemos las bendiciones para llenar los cuartos. Los creyentes son inundados por las bendiciones del Señor cuando practican la sumisión intencional y voluntaria. Cuando hacemos la decisión premeditada de rendir a Jesucristo lo que tenemos, el control, y el uso de todo nuestro ser. Eso significa ir adonde Él nos envíe, hacer lo que Él nos pida, y desear lo que Él desee. Quiere decir que, aunque no queramos obedecer, lo hacemos, sea como sea. Todo creyente, al final, llegará a un punto en que tendrá que hacer una importante decisión en cuanto a su sacrificio del yo: o apostamos a nuestra propia capacidad de generar una buena vida, o reconocemos el derecho que tiene el Señor de asumir el mando, porque Él lo sabe todo y porque siempre actuará en favor nuestro. Por supuesto, no importa lo que decidamos, Dios es quien verdaderamente tiene el control, por lo que la decisión verdadera será la obediencia o la rebeldía. Nuestra vida diaria está llena de situaciones que ponen a prueba nuestra determinación de permanecer fieles, y por eso cada día debemos renovar nuestra entrega a Dios. A cambio, Él le usará para edificar Su reino y darle innumerables bendiciones, llenando su vida con la paz y el gozo que resultan solamente de servirle a Él. |

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