Wednesday, August 09, 2006

La Cruz: Nuestro puente a Dios - Juan 14, 1-6

Cuando pedimos perdón por nuestros pecados y recibimos a Jesucristo en nuestra vida, cruzamos el puente para tener comunión con Dios.

Escuchamos decir a la gente que un Dios de amor no excluirá a nadie del cielo. Pero esta estrecha perspectiva ignora el hecho de que Él también es santo y justo. Debido a la santidad del Padre, Él no puede tolerar la impureza en Su presencia. Por tanto, el pecado, que es la desobediencia deliberada que pervierte al corazón, separa al hombre de Él. Además, la justicia de Dios exige castigo por el pecado, que es la muerte (Ezequiel 18,4; Romanos 6,23), que hace eterna la separación entre Dios y el hombre. Nosotros nunca podremos ser perfectos y tener, por nuestros medios, acceso al Padre. Nuestros esfuerzos por construir un puente por medio de nuestras buenas obras son inútiles, ya que inevitablemente destruimos ese puente por nuestro pecado. Pero, por su gran amor, Dios ha hecho una provisión que nos permite entrar a Su presencia: Él puso la cruz sobre la brecha creada por nuestra corrupción. El castigo por nuestro pecado tenía que ser pagado, y por eso el Padre puso todas nuestras transgresiones sobre Su Hijo, y lo envió a morir en nuestro lugar. Sólo Jesús, quien nunca pecó, podía ser el sacrificio perfecto exigido por Dios. Jesús murió para que pudiéramos vivir eternamente, y soportó la separación del Padre para que pudiéramos estar conectados para siempre con Él. Por su muerte, el Salvador satisfizo las exigencias de la justicia y demostró el amor de Dios por cada uno de nosotros. Cuando pedimos perdón por nuestros pecados y recibimos a Jesucristo en nuestra vida, cruzamos el puente para tener comunión con Dios.

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