Sunday, November 12, 2006

Nuestro inseparable compañero - Juan 14,16-18

La soledad invadirá a toda persona en algún momento de su vida. Sin embargo, los creyentes nunca estamos solos, porque Dios nos ha dado un compañero permanente: el Espíritu Santo. Nadie puede sinceramente prometer que estará siempre accesible para otra persona; la realidad de la vida, la distancia e incluso la muerte, pueden separar a dos personas que preferirían enfrentar las dificultades juntas. Felizmente, al enviar al Espíritu Santo a vivir dentro de nosotros, Jesucristo cumple Su promesa de no dejarnos ni desampararnos (Hebreos 13,5). Nuestro Compañero es superior a cualquier amigo humano. Puesto que es una persona de la Trinidad, Él es capaz de responder a todas nuestras necesidades. El conocimiento previo del Espíritu Santo le permite preparar nuestros corazones y nuestras mentes para cualquier situación. Por tanto, no tenemos jamás que tener dudas o sentirnos incompetentes. Dios quiso que sólo estemos completos cuando Su Espíritu mora en nosotros, lo cual sucede en el momento que somos salvos. Sin embargo, podemos ignorar al Espíritu Santo. Hay quienes intentan vivir la vida cristiana con sus propias fuerzas, o saltarse las lecturas bíblicas que consideran inconvenientes. Esa clase de vida está caracterizada por el descontento: la paz será efímera, y sentirá que la soledad es la residente permanente del corazón. Si evitamos la compañía del Espíritu, nos distanciamos del Padre celestial. Pero si le pedimos al Espíritu que guíe nuestros pasos y abra nuestra mente a las cosas del Señor, Dios se nos vuelve accesible.

Wednesday, November 08, 2006

Temor o fé? - Mateo 14, 22-30

Muchos cristianos pasarán por esta vida sin disfrutar de las oportunidades dadas por Dios, porque tienen el temor de vivir como Él desea. El temor puede paralizarnos y nuestra vida perderá la oportunidad de servir o de ministrar al Señor. Piense en los once discípulos que se quedaron en la barca cuando Pedro salió de ella para caminar hacia Jesús. ¿Cuántas veces debieron haber lamentado el haber elegido la seguridad, en vez del intenso gozo que produce el caminar sobre el agua para ir al encuentro del Hijo de Dios? Lamentablemente, muchos cristianos se quedan en la barca toda su vida, también. Al final, estas mismas personas se preguntarán por qué sus vidas les parecen vacías. Sucumbimos fácilmente al poder del temor cuando intentamos enfrentar los problemas con nuestras propias fuerzas. No fuimos creados para vivir de esa manera. Dios nos hizo para que funcionáramos mejor cuando dejamos que el poder divino de Jesucristo reemplace nuestra debilidad. Mientras caminaba sobre la superficie del mar de Galilea, Pedro miró los fuertes vientos y recordó que ningún ser humano puede andar sobre el agua. Sus fuerzas no fueron suficientes para mantenerlo a flote y se hundió rápidamente. Pero el maravilloso poder de Jesús fue suficiente para levantarlo del mar y llegar ambos seguros a la barca. El temor puede paralizar al creyente y, obstaculizar el plan del Señor. Pero el responder con fe a la dirección de Dios libera el poder divino y pone en movimiento Su obra. En el momento que salimos de la barca y nos alejamos de nuestras limitadas fuerzas, andamos por fe.

Saturday, November 04, 2006

El riesgo de obedecer a Dios - Lucas 5, 1-11

Como cristianos, desperdiciamos nuestras vidas quedándonos en la orilla de la playa de la fe, sin aventurarnos más allá del agua que nos cubre los tobillos. Allí no tenemos mucha necesidad de Dios; estamos seguros en la costa, lejos de las grandes olas y las tormentas. Pero los creyentes que se abandonan a las aguas profundas de la obediencia necesitan desesperadamente al Señor. Cuando el cristiano se lanza mar adentro, renuncia al control de su vida. Ya no puede pretender fijar su destino. Dios es el capitán del barco, mientras que el creyente es el obediente segundo oficial. ¿Vendrán tormentas? Sí. ¿Hará el Capitán peticiones difíciles a veces? Sí. ¿Se sentirá asustado el segundo oficial en algunas circunstancias? Sí. Pero el creyente rendido experimenta al Señor más íntimamente que lo que jamás experimentará quien se quede en la costa. Recibirá una barca llena de la bondad y de las bendiciones de Dios. La mayoría de los fieles cristianos dice muy fácilmente: "Yo rendí mi vida a Cristo". Pero decirlo es más fácil que hacerlo. Queremos aferrarnos a un cierto control por si Dios no hace las cosas a satisfacción nuestra. Muchos cristianos se contentan con mojar sus dedos en las aguas de la fe; temen que sus vidas no salgan de acuerdo con sus planes. Pero, mucho mayor será la pérdida del creyente si su vida no está de acuerdo con el plan de Dios. Podrá hacer mucho más con una vida rendida, que con una vida segura. La vida cristiana se vuelve emocionante cuando nos metemos en aguas tan profundas, que nuestros pies no son capaces de tocar el fondo, y tenemos que apoyarnos en las promesas de Dios.

Thursday, November 02, 2006

El Espíritu Santo prometido - Juan 14,23-26

Jesús garantizó a Sus seguidores que les convenía que Él se marchara del mundo. Así, Él podría enviarles el Espíritu Santo, quien juega un papel fundamental en la vida de cada creyente (Jn. 16,7). El Espíritu es: Seguridad. En el momento de la salvación, somos puestos en Cristo y sellados en Él por la tercera persona de la Trinidad. El Espíritu Santo nos marca como hijos del Padre, y es una garantía de que pertenecemos a Dios para siempre (Ef. 1,13-14). Ayudador. Dios, el Espíritu Santo da sabiduría, conocimiento y entendimiento (1 Cor. 2,12). Él conoce las maneras de ayudarnos, que ningún ser humano puede imaginar. Nos fortalece cuando estamos débiles, y ora por nosotros cuando no sabemos cómo hacerlo (Rom. 8,26). Guía. El Espíritu Santo puede dirigirnos correctamente, porque Él conoce la verdad de cada situación, los corazones de las personas que nos rodean, y nuestras actitudes y motivaciones. Su guía será siempre correcta porque Él conoce la voluntad del Señor para nosotros (1 Cor. 2,9-11). Podemos tener confianza en lo que Él dice porque no habla por Su propia iniciativa, sino que comunica sólo lo que oye del Padre (Juan 16,13- 14). Fuente de poder espiritual. El Espíritu libera Su poder en nuestras vidas con el propósito de que tengamos un servicio fructífero y una vida santa. (Ef. 3,16). Esta energía y esta autoridad divinas están siempre a nuestra disposición, siempre que estemos rendidos a Su control. El Espíritu Santo es una persona muy importante. Es totalmente Dios, y vive dentro de nosotros para llevar a cabo los divinos propósitos de nuestro Dios trino.