Somos parte de la resurrección - 1 Corintios 15,20-28
Gracias a la victoria de Cristo sobre la tumba, todo creyente puede esperar una vida eterna con Dios. Nuestra parte en la resurrección significa también que tendremos parte en el regreso de Jesús y en Su reino. Una teología popular, pero equivocada, dice que los santos que han muerto experimentan el "sueño del alma", y que permanecen en la tumba hasta que Cristo vuelva. Pero la verdad es que, cuando suene la trompeta, Jesús traerá con Él las almas de quienes ya han entrado al cielo, incluyendo a todos los creyentes que han muerto desde Adán. Cuando ellos desciendan, las tumbas se abrirán y los cuerpos serán transformados gloriosamente al levantarse para encontrarse con sus espíritus en el aire. Finalmente, los fieles que estén vivos ascenderán para unirse a Jesús y a la hueste de santos (1 Ts. 4,13-17). Si morimos antes de que Cristo venga otra vez a la tierra, no dormiremos en un ataúd. ¡Estaremos con Él! Los creyentes resucitados estarán con Cristo cuando Él reine y ponga fin a todos los sistemas políticos y a todo poder. Nuestra responsabilidad es vivir obedientemente en Su reino hasta que el Hijo nos presente al Padre como un regalo. Con nosotros, Dios restaurará Su reino a lo que debió haber sido si el hombre nunca hubiera pecado contra Él Un problema que enfrentan a veces los creyentes es su visión limitada: si nos concentramos en nuestros problemas y necesidades personales, olvidamos quienes somos en Cristo y qué nos tiene Él reservado. Este mundo, y sus problemas, se acabará. Entonces nos deleitaremos en nuestra nueva posición, como santos destinados al cielo y copartícipes en el retorno y en el reino de Cristo.

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