Wednesday, March 14, 2007

La falta de incompetencia como una bendición - 2Cor. 3,1-6

La falta de incompetencia puede ser un obstáculo para hacer la voluntad del Señor; puede impedirnos lanzarnos por fe para realizar lo que el Señor nos llamar a hacer. No sentirse competente no es un pecado, pero podemos pecar si no intentamos vencer ese sentimiento. Hasta el apóstol Pablo se sentía incompetente, pero no dejó que sus sentimientos lo paralizaran impidiéndole compartir el Evangelio. Más bien, dejó que el reconocimiento de sus limitaciones lo acercara más a Dios. Para los creyentes, la reacción correcta es más oración y más meditación bíblica para que nuestra confianza en el Señor se fortalezca. Cuando nos quitamos la carga que significa andar en nuestras propias fuerzas, nos sentimos motivados para actuar en el poder del Espíritu Santo. El Espíritu nos capacita para realizar todo que el Señor nos pida que hagamos. Los discípulos siguieron a Jesús por tres años, pero Sus instrucciones finales no dejaron ninguna duda en cuanto a sus limitaciones. Vayan y háblenle al mundo de Mí después de que hayan recibido el poder del Espíritu Santo. Los hombres escogidos por Jesús tampoco eran competentes (Hechos 1,4-8). Nuestra incompetencia le permite a Dios demostrar las grandes cosas que Él puede hacer. Recuerde que Moisés y David eran simples pastores, y que Gedeón era el más pequeño entre los hombres de Israel (Jueces 6,15). Sin embargo, el Señor llevó a cabo hazañas increíbles por medio de ellos. Nuestra falta de competencia, en realidad, se convierte en una bendición al llevarnos a una relación más fuerte con Dios.

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