Monday, January 08, 2007

Reconciliar el amor con la justicia 1 Juan 4,7-10

Los escépticos dicen: ¿Cómo puede Dios ser benigno y lleno de ira al mismo tiempo? Muchos creyentes evitar responder la pregunta porque ellos se preguntan lo mismo. Para responder, debemos entender dos cosas: el amor de Dios, y la manera como Su amor se relaciona con la justicia divina. El amor a menudo es considerado una emoción, pero, para Dios, es un propósito que comenzó antes de que el primer hombre respirara por primera vez (Efesios 1,4). La Biblia nos dice que Dios es amor (1 Juan 4,8); Su amor no se limita a ciertas personas que practican una fe "perfecta". Él ama al pecador y al santo, sin tener en cuenta sus acciones. Lamentablemente, las personas perciben sólo una característica de Dios y la utilizan para cuestionar otros aspectos de Su naturaleza. La justicia y el amor incondicional no se contradicen entre sí como algunos señalan. La verdadera justicia será dosificada con el amor, y no puede haber amor sin una genuina justicia. De igual manera, el sufrimiento humano existe bajo el paraguas del amor divino; a los creyentes no nos gusta la disciplina divina, pero ella es necesaria para hacernos volver al camino correcto (Hebreos 12,5). La justicia divina incluye el justo enojo; la ira de Dios es Su santa determinación de castigar el pecado. La muerte de Cristo, el único sacrificio aceptable que puede pagar la deuda por el pecado, ha sido rechazada por los incrédulos. Por eso, están sujetos a la ira divina. El Señor sigue amando a los incrédulos, pero Su santidad exige el castigo por el pecado. Los creyentes viven bajo la gracia, no bajo la ira. El amor incondicional de Dios está siempre presente con nosotros.

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