Wednesday, May 31, 2006

La Verdadera Guerra....2 Corintios 10:3-5

La principal estrategia del Enemigo contra el creyente es el engaño. Sabemos por 2 Corintios 11:14 que Satanás muchas veces “se disfraza como ángel de luz”; en efecto, Jesús lo llamó “padre de mentira”. Por tanto, nuestra mejor arma es la verdad, que nos hace libres del yugo del engaño (Juan 8:32). Es difícil evitar el engaño cuando uno no está consciente de las artimañas del Adversario (2 Corintios 2:11). Una de sus mentiras más antiguas, que se remonta a Adán y Eva, es la tentación a dudar de lo que el Señor ha dicho. Hacer eso significa dudar del amor y del carácter de Dios, que es parecido a un soldado que está en el frente de la batalla y que baja su arma mientras el enemigo se acerca: desconfiar de Dios nos pone en una posición de ser derribados por el Enemigo. Si usted escucha esta voz de duda, Satanás ganará terreno; eso lo debilitará a usted, y él podrá prepararse para causar mayor destrucción. Otra treta del diablo es distraer al creyente. Una distracción es cualquier cosa que llame su atención de lo que es más importante en el momento, y lo ocupe tanto que usted pierde de vista el objetivo. Satanás no utiliza las cosas ostensiblemente pecaminosas para distraernos de nuestra permanencia en Cristo; él utilizará incluso cosas buenas para levantar sutilmente una pared de “ruido” alrededor de usted, de manera que deje de escuchar gradualmente la voz del Señor. Pídale a Dios que le revele cualquier área de su vida en la que pueda ser susceptible al engaño. Él le dará el poder para afirmar la verdad y caminar en libertad.

Monday, May 29, 2006

¿Un pecado inperdonable? - Salmo 13, Salmos 18:28

Ya sea que usted pensado o no en la posibilidad del suicidio, probablemente conoce a alguien que sí lo haya contemplado. Las personas en tal desesperación pueden creer que nadie las ama y que la vida carece de propósito; o quieren escapar de una situación dolorosa que les parece irremediable. Nosotros, a menudo, no percibimos que hay personas, incluso cristianas, que están luchando con esos sentimientos. Pídale a Dios que haga sensible su espíritu a las necesidades que hay en torno suyo. Si una persona le dice: “A veces siento que no vale la pena vivir”, reconozca que puede ser un grito pidiendo ayuda. Es posible que usted sea la única persona a quien ella se sienta libre de acercarse. Escúchela amorosamente; el amor verdadero es el remedio más grande que hay en el mundo. Muchos se preguntan si Dios puede perdonar el suicidio. Jesús tomó todos nuestros pecados en la Cruz, y Su gracia cubre nuestros peores pecados, incluso en la muerte. Pero ésa es una terrible excusa para quitarse la vida; el suicidio es siempre una rebelión contra la voluntad de Dios. ¡El Señor nos ha creado a cada uno de nosotros con un gran propósito, y hemos sido rescatados a un gran precio! Dios nunca da la espalda al que clama a Él (Juan 6:37). ¡Él le rescatará si se lo permite! Si se somete al Señor, Él le sacará del abismo de la destrucción y le dará seguridad, no importa lo hundido que esté (Salmo 46:1). No se trata de una ayuda pasada o de una ayuda futura, sino de una ayuda presente. Su poder y Su amor maravillosos pueden transformar radicalmente su vida.

Saturday, May 27, 2006

Un privilegio maravilloso - Heb 7,21-28

Orar y esperar respuestas es un privilegio maravilloso, considerando la santidad de Dios. Por nuestro deseo de ser bendecidos, rara vez pensamos en lo santo que Él es; pero para Dios es importante que entendamos este aspecto de Su naturaleza. Su carácter es perfecto y el pecado es incompatible con Su presencia. Los seres humanos son inherentemente pecaminosos; por eso, para tener comunión con Dios, Él tuvo que hacer un plan, a fin de que la humanidad expiara sus pecados. La santidad de Dios exige una ofrenda de sangre para quitar el pecado (Levítico 17:11). La Ley que Él dio a Moisés contenía una provisión para la purificación del pueblo imperfecto: los sacerdotes debían ofrecer un sacrificio animal para cubrir los pecados de los israelitas (Levítico 4, 5). Más tarde, el Nuevo Testamento trajo una nueva provisión: en la cruz, Dios aceptó un derramamiento de sangre final como el pago único por todo el pecado: pasado, presente y futuro. El sacrificio vicario y todosuficiente de Cristo canceló la totalidad de nuestra deuda de pecado, para que pudiéramos entrar a la santa presencia de Dios. Los cristianos subestiman a veces lo que significa poder hablar con el Señor. La oración es nuestro derecho como hijos “nacidos de nuevo” en la familia de Dios (Juan 3:3). Los incrédulos pueden orar hacia el cielo, pero la Biblia no ofrece esperanza de que Dios escuchará o responderá a menos que ellos, reciban el sacrificio de Cristo a su favor. Como creyentes, somos acogidos cuando oramos al Padre, porque el Hijo es nuestro sumo sacerdote permanente que nos cubre eternamente con Su velo de rectitud.