Sunday, December 24, 2006

Un tiempo para dar - Lucas 2,1.20

Los dueños de tiendas saben que la temporada de Navidad se caracteriza típicamente por una mayor generosidad. Oímos mensajes acerca de ponerle fin a la comercialización del nacimiento de Cristo, pero no debemos suprimir el espíritu de dar que está presente en toda la temporada. Después de todo, el día de Navidad simboliza el momento cuando Dios dio a la humanidad su regalo más maravilloso. Antes de que Cristo naciera, Dios había dado a la humanidad una abundancia de bendiciones. Creó un mundo perfecto, y un universo para que reflejara Su gloria. Además de darnos la vida, nos dio mentes para que pensáramos creativamente y razonáramos lógicamente. Pero, aunque el hombre podía vivir en la creación de Dios y pensar en Su majestad, no podía entrar a Su presencia. Y aunque Dios amaba a la gente, no podía tolerar Su pecado. El amor del Padre creó la manera de tender un puente entre Él y la humanidad. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Jn. 3,16); no hay mejores palabras para expresar este regalo de Dios. Además, el Señor envió Su Espíritu como nuestro Ayudador, y también nos dio la promesa de Su constante cuidado y protección. Los creyentes deben ser generosos con la maravillosa noticia de la gracia salvadora de Dios. Comparta su fe. Al abrir sus regalos y disfrutar de las tradiciones de la Navidad con sus familiares y amigos, pregunte al Señor: ¿Con quién quieres que comparta el regalo de Jesucristo?

Friday, December 15, 2006

Transmitir la fe a otros -2Timoteo 1,3-7

La gente no escatima esfuerzos para asegurarse de legar sus propiedades y sus riquezas a los miembros de su familia o a las instituciones benéficas que más aprecian. Lamentablemente, algunas personas pasan tanto tiempo haciendo preparativos para que sus posesiones materiales sean pasadas a otros al morir, que no se fijan en lo que sus vidas pudieran dar ahora mismo. La posesión más importante de un cristiano es su fe. Aunque la fe implica hacer decisiones personales, nuestros hijos y nuestros amigos pueden recibir de nosotros una herencia de principios rectos y un modelo de vida piadosa. Una fe digna de ser dejada como herencia se basa en la verdad bíblica y en la segura convicción de que Dios es quien dice ser, y que cumple Sus promesas. Debemos experimentar una relación personal cada vez mayor con Jesús para poder compartirla con los demás. No podemos transmitir principios que sólo hemos leído o escuchado de otros, porque eso no funcionará. Una pregunta que debemos hacernos es: ¿Me siento cómodo muriendo con la fe que he vivido? Muchas personas escogen con demasiado esmero las filosofías religiosas que guiarán sus vidas, pero descubren en las horas finales de su existencia la falacia de una perspectiva egocéntrica. Una fe digna de ser transmitida puede enfrentar el final de la vida sabiendo que estamos seguros por la eternidad en el Dios vivo, cuyo Hijo murió en el Calvario por nuestros pecados. Un legado de fe es la mejor riqueza que podemos dejar a quienes vendrán después de nosotros. A diferencia del dinero, un buen ejemplo no se puede dilapidar.