Plenitud para una vida vacía - Juan 4,3-18
Hay personas ancianas, hombres y mujeres en edad madura, y adolescentes con corazones igualmente vacíos para los cuales no hay ninguna receta médica. La mujer samaritana junto al pozo representa a los millones de personas que a través de la historia se han esforzado por satisfacer su anhelo de amor y realización. Pero la sensación de vacío no puede ser satisfecha hasta que la persona experimenta el amor de Dios. Fuimos creados para honrar y glorificar al Señor; ningún acto de adoración, ya sea hacia una persona del sexo opuesto, una posición mundana, el trabajo o el dinero, pueden dar una sensación de placer y propósito a largo plazo. No es de extrañar, entonces, que cuando el Señor Jesús le ofreció a la samaritana un trago que calmaría su sed para siempre, ésta lo aceptara con ansias (v. 15). La promesa de la salvación es más que la eliminación de la culpa. Recibir a Cristo como Salvador significa que Él mora dentro del espíritu de cada creyente para expresar Su amor a nosotros y a través de nosotros. Si estamos dispuestos a aceptar la muerte de Cristo y pedir Su perdón por nuestros pecados, que lo llevaron a la cruz, podemos experimentar el continuo desbordamiento del amor de Dios llenando nuestro vacío y callando nuestro clamor. El creyente que se siente vacío debe ir a Dios y confesar honestamente cualquier pecado que albergue en su corazón. El pecado y la idolatría bloquean nuestra comunión con el Padre, pero el arrepentimiento rompe la represa. La única satisfacción para una vida vacía es el amor que Dios ofrece gratuitamente.

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